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Migrañas Crónicas: causas, síntomas y soluciones para vivir sin dolor

martes, 25 de marzo de 2025

Las migrañas crónicas afectan la calidad de vida y, en ocasiones, resultan tan incapacitantes que impiden realizar actividades diarias con normalidad. El dolor pulsátil, la sensibilidad a la luz y los olores, así como las náuseas frecuentes, hacen que las migrañas crónicas se conviertan en un problema de salud que requiere atención médica y un abordaje integral. A menudo, surge la pregunta de si existe una cura definitiva o qué se puede hacer para mitigar estos síntomas que, en muchos casos, aparecen de manera recurrente y hasta impredecible. ¿Es posible llevar una vida plena pese a los episodios de dolor extremo? ¿Cuáles son los tratamientos más innovadores? ¿Se puede prevenir su aparición mediante cambios en la alimentación o el estilo de vida?

A menudo se pasa por alto la complejidad de las migrañas crónicas, desde su definición y diferencias con otro tipo de dolores de cabeza, pasando por las causas y factores desencadenantes, hasta los tratamientos más eficaces y las herramientas de prevención que ayudan a reducir la intensidad y frecuencia de los ataques. 

¿Que son las migrañas crónicas y qué las caracterizan?

Hablar de migrañas crónicas implica referirse a una afección que va mucho más allá de un simple dolor de cabeza ocasional. Mientras una migraña episódica puede presentarse de forma esporádica y limitada en el tiempo, la migraña crónica se define como aquel dolor de cabeza de tipo migrañoso que ocurre quince días o más al mes, durante al menos tres meses consecutivos. Esta pauta convierte la migraña en una presencia continua en la vida de quienes la sufren, condicionando su rutina diaria, su trabajo y sus relaciones personales.

El dolor propio de la migraña crónica suele describirse como pulsátil, intenso y capaz de surgir en un solo lado de la cabeza o de manera bilateral. Además de la molestia física, suelen aparecer otros síntomas como sensibilidad a la luz (fotofobia), a los sonidos (fonofobia) e incluso a los olores (osmofobia). Las náuseas y vómitos son también comunes, lo que agrava la sensación de malestar general y dificulta las tareas cotidianas. En algunos casos, el episodio migrañoso va precedido de un aura, que incluye destellos de luz, visión borrosa o entumecimiento de las extremidades. Aunque no todas las personas que padecen migrañas crónicas experimentan aura, aquellas que la presentan advierten los episodios con antelación y pueden intentar aplicar alguna medida de urgencia.

Diferencia entre migraña episódica y migraña crónica

La principal diferencia entre la migraña episódica y la crónica radica en la frecuencia e intensidad de los episodios. En la migraña episódica, las crisis aparecen menos de quince días al mes y suelen permitir periodos sin dolor entre un ataque y otro. Por el contrario, en la migraña crónica, el dolor se convierte en un acompañante constante, con solo unos pocos días de respiro cada mes. Este patrón reiterado repercute en el estado de ánimo, las relaciones sociales y el desempeño profesional, generando un círculo vicioso de estrés y ansiedad que a su vez potencia el dolor.

Otro factor que distingue ambas modalidades es la respuesta a los tratamientos. En la migraña episódica, suele bastar con analgésicos o fármacos específicos en el momento del episodio para contener el dolor, mientras que en la migraña crónica es preciso recurrir a métodos de prevención y a menudo a tratamientos más intensos que garanticen un mayor control de las crisis. Además, la migraña crónica puede asociarse con cambios estructurales en algunas regiones del cerebro tras años de dolor recurrente, lo que justifica aún más la necesidad de un abordaje multidisciplinar.

Causas y factores desencadenantes

La migraña crónica puede originarse por una combinación de factores genéticos, ambientales y fisiológicos. Aunque aún queda mucho por investigar sobre su origen exacto, se han identificado varios factores desencadenantes que contribuyen a la aparición de las crisis:

  • Genética y predisposición familiar. Es común encontrar antecedentes de migrañas en la familia, lo que sugiere un componente hereditario importante. Sin embargo, la herencia no siempre asegura el desarrollo de migrañas, sino que aumenta la probabilidad de padecerlas.
  • Cambios hormonales. Muchas mujeres reportan un aumento de las crisis en torno a la menstruación o la menopausia, lo que indica la influencia hormonal en la manifestación de la migraña.
  • Hábitos de sueño irregulares. Dormir menos de lo necesario o excederse en las horas de sueño puede alterar los ritmos biológicos y fomentar la aparición del dolor.
  • Estrés y factores emocionales. Situaciones de ansiedad, sobrecarga laboral o conflictos personales pueden desatar episodios de migraña, sobre todo en su fase crónica, donde la tensión se acumula y favorece la persistencia del dolor.

Algunos alimentos o hábitos de consumo, como la ingesta de cafeína, el consumo de alcohol o el abuso de alimentos ricos en aditivos (glutamato monosódico o nitritos) han sido citados como posibles desencadenantes, aunque estos factores varían enormemente de una persona a otra.

Migrañas crónicas y su impacto en la vida diaria

Vivir con migraña crónica no es solo experimentar dolor de cabeza intenso, sino adaptarse a una rutina en la que el malestar puede presentarse de manera inesperada y frecuente. Las personas con esta afección suelen reportar dificultades para mantener un rendimiento laboral constante, debido a que la concentración se ve mermada por el dolor y la sensibilidad a estímulos externos. Asimismo, actividades sociales y familiares pueden verse interrumpidas por la aparición súbita de una crisis, generando un sentimiento de frustración e incomprensión.

El impacto emocional también es significativo. Es frecuente la aparición de síntomas depresivos o cuadros de ansiedad entre quienes padecen migraña crónica. El dolor repetido, la incertidumbre de no saber cuándo se producirá el próximo ataque y la dificultad para realizar planes a largo plazo tienen un efecto notable en el bienestar psicológico. Por este motivo, muchos expertos insisten en que el abordaje de la migraña crónica ha de ser integral, incluyendo un soporte emocional o terapias de relajación, además del tratamiento farmacológico.

Diagnóstico: identificar la migraña crónica y diferenciarla de otras cefaleas

El diagnóstico de la migraña crónica exige una historia clínica detallada, donde se valoren la frecuencia, intensidad y duración de los episodios de dolor. Habitualmente, se siguen criterios establecidos por la Sociedad Internacional de Cefaleas, que indican la presencia de dolor de cabeza durante 15 días o más al mes y con características propias de la migraña (por ejemplo, al menos 8 de esos días son típicamente migrañosos), durante un periodo de 3 meses consecutivos.

Además, el profesional de la salud puede solicitar pruebas complementarias para descartar otras causas del dolor, como tumores cerebrales o lesiones vasculares. La resonancia magnética es una de las pruebas más comunes para descartar anomalías estructurales en el cerebro. Sin embargo, en la mayoría de los casos de migraña crónica, los resultados de imagen son normales, reflejando que la cefalea no está asociada a lesiones orgánicas.

Para diferenciar la migraña de otras cefaleas, como la cefalea tensional o el dolor secundario a sinusitis, es clave la descripción de los síntomas, la localización del dolor y la presencia de signos acompañantes como la fotofobia, náuseas o fonofobia. Además, se valora el tipo de alivio que produce el reposo o la medicación. Por ejemplo, en la migraña, la oscuridad y el silencio suelen resultar muy beneficiosos, mientras que en la cefalea tensional esto puede no suponer una diferencia tan marcada en la intensidad del dolor.

Tratamientos médicos para la migraña crónica

La migraña crónica requiere un enfoque terapéutico más amplio que la migraña episódica. No basta con tratar el dolor en el momento en que aparece; es crucial reducir la frecuencia de los episodios y su intensidad. Para ello se dispone de varios tipos de fármacos y abordajes no farmacológicos:

  • Fármacos preventivos. Se utilizan cuando los episodios de migraña superan un determinado número de días al mes y se busca minimizar la aparición de crisis. Incluyen betabloqueantes, antidepresivos en dosis bajas (amitriptilina o venlafaxina), anticonvulsivos (topiramato o valproato) o anticuerpos monoclonales dirigidos al péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP). Estos últimos han supuesto un avance notable en el tratamiento, ya que actúan específicamente sobre los mecanismos implicados en la migraña.
  • Fármacos de rescate. Se administran durante la crisis para aliviar el dolor y reducir los síntomas asociados. Se incluyen analgésicos comunes (paracetamol o ibuprofeno), antiinflamatorios más potentes o triptanes, que actúan de forma específica sobre los receptores de serotonina e interrumpen el episodio migrañoso. No obstante, su uso excesivo puede derivar en cefalea por abuso de medicación, por lo que hay que emplearlos con cautela.
  • Toxina botulínica. En algunos casos de migraña crónica refractaria a los tratamientos habituales, la inyección de toxina botulínica en la musculatura facial y cervical ha demostrado reducir la intensidad y frecuencia de las crisis. Se cree que actúa bloqueando la liberación de neurotransmisores implicados en la transmisión del dolor.
  • Neuromodulación. Existen dispositivos que estimulan nervios craneales o regiones del cerebro mediante impulsos eléctricos o magnéticos, con el objetivo de interrumpir la cascada bioquímica que desencadena la migraña. Aunque su disponibilidad es limitada, representan otra vía terapéutica prometedora.

Terapias complementarias y hábitos saludables

Además de la medicación, las terapias complementarias pueden desempeñar un papel relevante en el control de la migraña crónica. El yoga, la acupuntura, la meditación o la relajación muscular progresiva pueden ayudar a controlar el estrés y disminuir la tensión que favorece los episodios. Asimismo, la psicoterapia o el asesoramiento con un profesional de la salud mental resultan de gran utilidad para quienes viven con dolor crónico, ayudándoles a desarrollar estrategias de afrontamiento.

En lo referente a la alimentación, se recomienda llevar un control sobre posibles desencadenantes, como el chocolate, el queso curado, los embutidos o el alcohol. Llevar un diario de comidas y migrañas puede ayudar a identificar patrones, aunque no todas las personas responden igual a estos estímulos. Por otro lado, mantener horarios regulares de sueño y evitar la cafeína en exceso también son sugerencias habituales para disminuir la probabilidad de crisis.

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Migraña y estado emocional: un círculo vicioso

Un aspecto a menudo olvidado en el tratamiento de la migraña crónica es la relación entre el dolor y el estado emocional. La incertidumbre de no saber cuándo aparecerá el próximo ataque puede generar ansiedad y estrés, lo que a su vez potencia la liberación de hormonas que disparan el proceso inflamatorio propio de la migraña. Así, el cerebro se ve atrapado en un círculo vicioso donde el malestar físico y el psicológico se retroalimentan.

Por esta razón, muchos especialistas insisten en la necesidad de abordar la migraña desde un prisma integral: aparte de controlar el dolor, debe prestarse atención a los factores emocionales, laborales o familiares que inciden en la aparición o prolongación de los episodios. El apoyo social y la comunicación abierta con el entorno ayudan a sobrellevar las crisis, evitando la sensación de soledad o incomprensión.

Migraña crónica y trabajo: conciliando salud y productividad

Para quienes sufren migraña crónica, acudir a su puesto de trabajo en días de crisis puede ser todo un reto. El dolor pulsátil, la fotofobia y la necesidad de un entorno tranquilo chocan con la realidad laboral, a menudo llena de estímulos intensos, luces fuertes o situaciones de estrés. Las medidas de adaptación en el lugar de trabajo pueden pasar por la flexibilización de horarios, la posibilidad de trabajar en una sala con menor iluminación o el acceso a descansos cuando el dolor se hace insoportable.

Las empresas que son conscientes del impacto de la migraña en sus empleados a menudo se muestran comprensivas y facilitan opciones como teletrabajo temporal o la reducción de tareas que exijan gran concentración en días críticos. Este tipo de apoyos no solo mejora la calidad de vida del trabajador, sino que también repercute de forma positiva en su rendimiento y motivación.